Aparecen en discursos, carteles y nombres institucionales. Pero la repetición vacía tiene efectos: estudios muestran que, cuando una palabra se repite en exceso, nuestro cerebro reduce el significado.
La “Patria” no puede convertirse en un eslogan, ni lo “honorable” en un título decorativo. El nombre del Senado se sostiene con hechos y representar de verdad a la gente. Las palabras adquieren sentido cuando se respaldan con acciones.
En esta edición de 120 Segundos de Patria 🇦🇷, reflexionamos sobre el peso de las palabras que construyen nuestra identidad.
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